Edición Número 233 - Agosto de 2009

Hasta la próxima pandemia

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Autores

Dr. Fiorentino Jorge A.,

Rev.Hosp.Niños(B.Aires).2009;51(233):127-128.

Sin proponer una respuesta adecuada, la comunidad internacional lamenta a menudo el catastrófi co estado sanitario de los países empobrecidos. La crisis provocada por el SIDA, la Tuberculosis, el Paludismo y recientemente por la Gripe A, no tolera esa apatía.
Los últimos acontecimientos de esta década indican que, en 2001, por primera vez, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) dedicó una de sus reuniones a los problemas de salud pública, creando un fondo para la lucha de tres enfermedades que devastan el mundo: el SIDA, la tuberculosis recrudecida y el paludismo, una enfermedad olvidada que, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), mata a un niño cada 30 segundos.
Los últimos acontecimientos relacionados con la pandemia de Gripe A ponen de manifi esto las difi cultades que poseen nuestros sistemas de salud para dar pronta y efectiva respuesta a la población en riesgo y nos debería hacer refl exionar acerca de la próxima emergencia sanitaria que seguramente estará relacionada con el Dengue en época estival.
Años atrás, los Estados Unidos reconoció tardíamente que la epidemia de SIDA en Africa representaba una amenaza para su seguridad nacional y este cambio de actitud se extendió incluso al Fondo Monetario Internacional, que siempre ha considerado el progreso social como simple resultado del crecimiento económico. Ante este panorama, hoy más que nunca la salud pública exige respuestas rápidas e inteligentes a gran escala, ya que el permanente desplazamiento de las personas (turismo, migraciones, etc.) hace que ninguna epidemia quede limitada a una región, un país o a una clase social.
Como ejemplo de lo antedicho, basta observar como se propagó desde su ingreso en la Argentina el virus de la Gripe A, primero impactando poblaciones con un alto nivel socioeconómico y después a toda la población.
A nivel mundial, a pesar de que se esperan obtener buenos resultados para erradicar la poliomielitis y la lepra, la verdad de los hechos expresa como único éxito importante de una acción internacional concertada en materia de salud, la campaña de vacunación contra la viruela hace aproximadamente dos décadas.
Si analizamos las estadísticas vitales por regiones, podríamos decir que existe, sin lugar a dudas, un peligroso “apartheid sanitario”. En Francia, la probabilidad de que un niño muera antes de los 5 años es de 5 por mil, pero superan el pavoroso nivel de 200 por mil otros países, como por ejemplo los ubicados en el centro de Africa. Entre 1970 y 1998, la esperanza de vida de sus habitantes había progresado muy poco (de 44 a 48 años), mientras que los países industrializados poseían una de 78 años, cifra que actualmente supera los 80 años. Esta brecha podría ampliarse si seguimos dejando sin tratamiento a las personas afectadas por el hambre, el SIDA y la tuberculosis, entre otras tantas enfermedades.
En contraste con lo antedicho, resulta por lo menos curioso que las ciencias médicas hayan llegado tan lejos en el conocimiento de la materia viva. La medicina develó los mecanismos de casi todas las patologías y se desarrolló una farmacopea muy avanzada, apoyada en el descubrimiento de investigadores de todo el mundo.
La pobreza con sus secuelas de desnutrición e insalubridad no constituyen las únicas causas que sustentan esas desigualdades en el plano de la salud. La organización sanitaria tie ne una importancia crucial, ya que el esfuerzo de los países en vías de desarrollo para pagar su deuda externa, los lleva a menudo a traba jar con escasos recursos en los hospitales públicos y como dice Federico Tobar “…la triste consecuencia es que los servicios para atender a los pobres siempre tienden a convertirse en pobres servicios...”.
En consecuencia los médicos deben emigrar en busca de trabajo, a pesar de las enormes necesidades existentes en sus lugares de residencia. Frente a la falta de medios del sistema público, las clases media y alta se vuelcan a la medicina privada, que a su vez, atrae capitales y recurso humano de excelente nivel (formado casi siempre en el sector público), para seguir favoreciendo la perpetuación de un régimen sanitario de dos niveles.
Muchos de los medicamentos más efi caces se venden a un precio más caro en los países pobres. Y a pesar del resonante juicio que tuvo lugar en Pretoria en abril de 2001, las patentes siguen siendo un obstáculo para la fabricación masiva de genéricos a bajo precio, constituyén- dose en otro impedimento para la primacía del derecho a la salud.
La industria farmacéutica y sus laboratorios transnacionales evolucionan mucho más rápidamente que otros sectores industriales, pero solo una pequeña e insufi ciente parte de sus enormes ingresos son destinados a la investigación.
Dentro de este contexto globalizado, suena una sirena de alarma en la Argentina. La mitigación de los efectos causados por la Gripe A nos ha dado una tregua, pero algunos destacados especialistas están advirtiendo que después del invierno, el Dengue impactará con renovada virulencia muy especialmente en las provincias que lamentablemente poseen menos recursos y mayor dejadez sanitaria.
Con más de 25.000 argentinos infectados, seguimos mientras tanto, esperando que la ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica) apruebe la producción vernácula de un nuevo insecticida de efecto dual (larvicida y adulticida) cuya fórmula también incluiría una versión de uso doméstico para combatir de manera efectiva al agente vector del Dengue: el mosquito Aedes aegypti.
Para concluir, diremos que el trabajo realizado en el transcurso de la reciente pandemia de Gripe A, nos deja una buena experiencia acumulada, pero algunas dudas respecto al efectivo poder de control que la sanidad en su conjunto posee sobre la población. Sin perjuicio de lo antedicho, es de destacar el empeño y dedicación que los diferentes sectores involucrados del Hospital han desarrollado, atendiendo y asesorando en las semanas pico a más de 500 pacientes/día, sin distinción de jerarquías y durante largas jornadas de trabajo.
Más de 25 personas integrantes de este equipo de salud contrajeron la enfermedad, y para ellos y para el resto de los técnicos, enfermeros y profesionales: felicitaciones.
A la luz de los acontecimientos, el objetivo enunciado en 1980 por las Naciones Unidas “salud para todos en el año 2000”, suena hoy como un eslogan por lo menos….algo hueco.

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